“…La Psiquiatría niega, desde luego, en estos casos que se hayan introducido en la vida anímica extraños espíritus perversos; pero, aparte de ello, no hace más que encogerse de hombros y hablar de degeneración, disposición hereditaria e inferioridad constitucional. El psicoanálisis procura esclarecer estos inquietantes casos patológicos, emprende largas y minuciosas investigaciones y puede, por fin, decir al yo: “No se ha introducido en ti nada extraño; una parte de tu propia vida anímica se ha sustraido a tu conocimiento y a la soberanía de tu voluntad.” Por eso es tan débil tu defensa; combates con una parte de tu fuerza contra la otra parte, y no puedes reunir, como lo harías contra un enemigo exterior, toda tu energía. Y ni siquiera es la parte peor, o la menos importante, de tus fuerzas anímicasla que así se ha puesto enfrente y se ha hecho independiente de ti. Pero es toda la culpa tuya. Has sobreestimado tus fuerzas, creyendo que podías hacer lo que quisieras con tus instintos sexuales, sin tener para nada en cuenta sus propias tendencias. Los instintos sexuales se han revelado entonces y han seguido sus propios oscuros caminos para sustraerse al sometimiento, y se han salido con la suya de un modo que no puede serte grato. De cómo lo han logrado y qué caminos han seguido, no has tenido tú la menor noticia; sólo el resultado de tal proceso, el síntoma, que tú sientes como un signo de enfermedad, ha llegado a tu conocimiento. Pero no lo reconoces como una derivación de tus propios instintos rechazados ni sabes que es una satisfación sustitutiva de los mismos.”