Cuando me pongo a pensar en la evolución de las personas, y cómo cada una de ellas toma su propio camino, me doy cuenta de la diversidad de seres humanos que un órgano como el cerebro es capaz de poner en la tierra. Todos somos personas y sin embargo cada uno de nosotros somos fruto de la genética que heredamos y sobretodo, y los más influyente a la hora de tomar uno u otro camino, a las cosas que nos van pasando y van cambiando la configuración de nuestro cerebro, van cambiando la forma de ver y afrontar los futuros acontecimientos. A su vez, y debido quizá al conocimiento que podamos tener o simplemente por habernos dado cuenta de ello, nosotros mismos podemos ir guiando nuestra conducta con la mayor carga de conocimiento de causa que seamos capaces de usar. A veces luchamos contra los sentimientos, otras contra los impulsos (biológicos o no). Con nuestro cerebro podemos controlar, digamos bastantes cosas de nuestro cuerpo. Se pueden ver casos de personas que controlan la eyaculación, el llamado orgasmo implosivo; se sabe de situaciones en las que no sentimos dolor aunque nuestros receptores nociceptores (receptores del dolor) estén del todo activados. Estos son casos físicos, biológicos podríamos decir. Hablamos de otra cosa, al menos si otro nivel de control, cuando lo que queremos dirigir es nuestra conducta. ¿Hasta qué punto dirigimos nuestra conducta a donde nosotros queremos? ¿qué porcentaje estamos dispuestos a darle al destino? Aquí como todo en la vida, no existe varita mágica que nos ilumine. Quizá sea porque el cerebro, ya lo decía al principio de estas líneas, es el órgano que nos aporta mayor adaptación al medio, el que puedan existir tanta variedad de personalidades y/o tipos de personas es el planeta es bueno para la supervivencia de la especie..
Entonces lo que aprendemos y nos pasa repercute en como afrontar el futuro. Un nivel superior de abstracción nos da la posibilidad de poder analizar lo que hacemos desde un punto de vista más lejano para decidir con mayor conocimiento de causa hacia donde queremos ir. Un nivel mayor de abstracción del yo, un análisis más profundo al fin y al cabo. Hay decisiones que son tan importantes que no llegar a este nivel de análisis no es decidir con toda la fuerza que la acción de decidir podría conllevar.
Antes comentaba que lo que aprendemos y nos pasa repercute en como afrontemos el futuro. Es por ello, y por todos es sabido, que la etapa más importante a la hora de crear personas estables emocionalmente, es sobretodo la niñez. Porque son las primeras etapas y sobre ellas se construirán las demás.
¿Cómo dotar a la masa social de los conocimientos necesarios para que puedan decidir sobre su propia vida? Es indudable que es importante una salud mental, una inteligencia emocional, que principalmente se adquiere en la familia. Los padres cuidan de sus hijos, y les deben dotar de las herramientas emocionales que les van a ser imprescindibles para conseguir llegar a ser personas con la posibilidad de tomar decisiones del tipo que comentábamos antes.
El aprendizaje humano comienza con la destreza de cada persona, pero cuando se domina dicho aprendizaje pasa en muchos casos a realizarse de forma automática. Ocurre parecido cuando hacemos algo por costumbre, nos costará mucho menos trabajo que si no estamos acostumbrados, sino lo hacemos todos los días, sino es algo que hayamos convertido en rutinario. Por ello un conocimiento tan importante y tan natural como es el autoconocimiento, también el autoanálisis y por supuesto la autoestima son esenciales para poder elegir lo que queremos.
Para preparar a los individuos a que sepan transmitir este conocimiento tan importante a sus hijos, tenemos que empezar por esos hijos, que algún día serán los padres de la siguiente generación. ¿De qué manera?